Latin America and the Caribbean

América Latina y el Caribe

CEPR examines economic changes in Latin America, including how IMF, World Bank and WTO policies have affected countries in the region, and looks at the economic factors behind political developments there. Specific countries that CEPR focuses on include: Argentina, Bolivia, Brazil, Ecuador, Haiti, Honduras, Jamaica, Mexico, and Venezuela.

CEPR examina los cambios económicos y políticos en América Latina, incluyendo la forma en que las políticas del FMI, el Banco Mundial y la OMC han afectado a los países de la región, y analiza los factores económicos que están detrás de los acontecimientos políticos en la región. Los países específicos en los que se centra el CEPR incluyen: Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Haití, Honduras, Jamaica, México y Venezuela.

CEPR examines economic changes in Latin America, including how IMF, World Bank and WTO policies have affected countries in the region, and looks at the economic factors behind political developments there. Specific countries that CEPR focuses on include: Argentina, Bolivia, Brazil, Ecuador, Haiti, Honduras, Jamaica, Mexico, and Venezuela.

CEPR examina los cambios económicos y políticos en América Latina, incluyendo la forma en que las políticas del FMI, el Banco Mundial y la OMC han afectado a los países de la región, y analiza los factores económicos que están detrás de los acontecimientos políticos en la región. Los países específicos en los que se centra el CEPR incluyen: Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Haití, Honduras, Jamaica, México y Venezuela.

Op-Ed/Commentary

BoliviaAmérica Latina y el CaribeEl Mundo La Organización de Estados Americanos ha engañado terriblemente a la población sobre las elecciones bolivianas
Mark Weisbrot Contexto y Acción, 20 de noviembre, 2019 Tenemos Noticias, 25 de noviembre, 2019 MarketWatch, 19 de noviembre, 2019 Ver el artículo original In English Los hechos no muestran nada sospechoso sobre la victoria de Evo Morales ¿Cuál es la diferencia entre una mentira descarada (decir que algo es cierto sabiendo que es falso) y una representación material premeditada que consigue el mismo fin? Veamos un ejemplo que difumina los límites entre las dos, hasta el punto de que la distinción prácticamente se desvanece. Y las consecuencias son bastante serias; esta tergiversación (o mentira) ya ha jugado un papel crucial en el golpe militar del domingo pasado en Bolivia. Este golpe militar derrocó al Gobierno del presidente Evo Morales antes de finalizar su actual mandato — en el que nadie disputa que haya sido electo democráticamente en 2014. Lo que podría venir después son más represiones violentas e incluso una guerra civil. La misión de la OEA La Organización de Estados Americanos (OEA) envió una Misión de Observación Electoral a Bolivia, encargada de monitorear sus elecciones nacionales del 20 de octubre. El día después de las elecciones, antes de que se contabilizaran la totalidad de los votos, la misión emitió un comunicado de prensa anunciando su “profunda preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados preliminares…”. A lo que se refería la OEA es a esto: hay un “conteo rápido” oficioso de los resultados de la votación que realizan empresas que suben los resultados a una página web, a medida que las actas de escrutinio están disponibles.  A las 7:40 pm del día de las elecciones, habían informado los resultados con el 84% de los votos contados, y luego dejaron de informar durante 23 horas (explicaré más sobre esto a continuación). Cuando se reanudaron los resultados del conteo rápido, con el 95% de los votos escrutados, la ventaja de Morales había aumentado del 7.9%, que tenía antes de la interrupción, a poco más del 10%.  Este margen era importante porque para ganar sin una segunda vuelta, un candidato necesita la mayoría absoluta, o al menos un 40% más un margen de 10 puntos sobre el segundo candidato más votado. Este margen —que creció al 10.6% cuando se contaron todos los votos en el recuento oficial— reeligió a Morales sin necesidad de una segunda vuelta. La ventaja de Morales se incrementó de manera constante Ahora bien, si usted tiene alguna experiencia con procesos electorales o tal vez cierto conocimiento de aritmética, ¿qué es lo primero que le gustaría saber sobre los votos que llegaron después de la interrupción? Usted podría preguntar, ¿las personas en esas áreas eran diferentes de las personas en las circunscripciones promedio del primer 84%? ¿Y fue repentino el cambio en el margen de Morales, o fue una tendencia gradual que continuó a medida que se reportaban más hojas de votación? Es posible que incluso desee hacer estas preguntas antes de expresar "profunda preocupación y sorpresa" sobre lo que sucedió, especialmente en una situación políticamente muy polarizada que ya se estaba tornando violenta. Una mirada a esos datos muestra que la variación en la ventaja de Morales fue en realidad gradual y continua, y comenzó a aumentar muchas horas antes del parón en el conteo rápido. Puede ver esto en un gráfico de los resultados. Es la ubicación geográfica ¿Por qué sucedió? La respuesta es simple y no tan infrecuente: las personas en áreas que reportan sus votos en la última tanda (más tarde) simpatizan más con el MAS (el partido de Morales, el Movimiento al Socialismo) que las personas en áreas que informaron más temprano sus resultados. De ahí el aumento gradual y continuo en la ventaja de Morales, a quien los votos después de la interrupción lo colocaron a la cabeza. La OEA ha publicado dos comunicados de prensa, un informe preliminar y una auditoría preliminar sobre la elección. ¿Cuántos de estos contenían el descrédito a los resultados electorales sugeridos en la "profunda preocupación y sorpresa" citada anteriormente? Tres. ¿Cuántos contenían alguna información sobre la diferencia entre el porcentaje de votantes afines al MAS/Morales en áreas que reportaron sus resultados más tarde respecto a los que reportaron antes? Cero. De hecho, la interrupción en el conteo rápido tampoco fue una señal de ningún juego sucio. El conteo rápido no es legalmente vinculante El recuento rápido se realiza además del recuento oficial y no tiene valor legal para determinar los resultados.  Su intención, ni promesa, nunca fue ser un recuento completo; en anteriores elecciones ni siquiera llegó al 84%. Es solo una serie rápida de capturas, realizadas por empleados contratados, para proporcionar resultados tempranos antes de que se realice el conteo oficial. Es lógico que las autoridades electorales no quieran dos conjuntos de resultados de votación, que son intrínsecamente diferentes, emitiéndose al mismo tiempo en una situación política polarizada con tendencia a la violencia. Para aquellos que prefieren los números a los gráficos: el margen de Morales en el primer 84% de los votos fue del 7.9%, como se señaló. Si observamos el 16% restante de las circunscripciones, y nos preguntamos, ¿cuál es el margen ‘pre-interrupción’ de Morales en las áreas donde se ubicaron estas circunscripciones de informes posteriores? Ese margen es de alrededor del 22%. Una vez más, una explicación simple de cómo aumentó su margen con la llegada de los informes posteriores de votación. Llevando a cabo un análisis estadístico incluso más contundente, podemos proyectar el recuento de votos restante (y, por lo tanto, total) sobre la base del primer 84% reportado. Y —sin ninguna sorpresa— el margen final proyectado de Morales basado en el primer 84% de los votos resulta ser poco más del 10%. Es difícil, casi imposible, de creer que esta misión de la OEA, o sus superiores del Departamento para la Cooperación y Observación Electoral de la OEA, sintieran "profunda preocupación y sorpresa" y, sin embargo, fueran tan incompetentes como para ni siquiera mirar estos datos. Tres mentiras Es por esta razón que diría que mintieron al menos en tres oportunidades: en el primer comunicado de prensa, en el informe preliminar y en la auditoría preliminar. Y es por eso que consideraría con gran escepticismo las acusaciones presentadas en su auditoría preliminar y en sus otras publicaciones, a menos que investigadores independientes pudieran verificarlas a partir de datos disponibles públicamente. Y la OEA no es tan independiente en este momento, ya que el Gobierno de Trump promueve activamente este golpe militar y Washington tiene más aliados de derecha en la OEA que hace unos años. Sin mencionar que Estados Unidos suministra el 60% de su presupuesto. Pero la OEA ha abusado terriblemente de su mandato en el monitoreo de otras elecciones, ayudando a revertir los resultados electorales a conveniencia de Estados Unidos y sus aliados: un ejemplo devastador fue el de Haití en el 2000, y también en ese mismo país en 2011. Más evidencia: en las últimas tres semanas, la OEA se ha negado a responder públicamente preguntas de periodistas sobre sus declaraciones o los informes de las elecciones. Tal vez temen que un periodista astuto haga preguntas como estas: ¿Hay alguna diferencia entre las preferencias políticas de las personas que viven en áreas de informes posteriores en comparación con las anteriores? ¿No explica esto cómo el liderazgo de Morales aumentó a más del 10% a medida que llegaron los votos de más áreas pro-Morales? ¿Por casualidad, se ha hecho algunas de estas preguntas? Como soy economista, creo en los incentivos: ofrezco una recompensa de $500 al primer periodista que pueda obtener on the record una respuesta sustancial a estas preguntas por parte de un funcionario de la OEA. Incluso si lo que dice resulta ser mentira. Traducción por Francesca Emanuele

Mark Weisbrot / 25 Noviembre 2019

Op-Ed/Commentary

BoliviaAmérica Latina y el CaribeEl Mundo Cómo la OEA, y la falta de rigor de los medios de comunicación, causaron un golpe violento en Bolivia
Guillaume Long OpenDemocracy, 25 de noviembre, 2019 Ver el artículo original In English Como sucede a menudo cuando un golpe de estado impulsado por las élites de un país conduce a un cambio de régimen respaldado por Estados Unidos, hay poderosos intentos de disfrazar su verdadero carácter. Un método recurrente es convertir a sus víctimas en victimarios. De este fenómeno, el golpe de Estado del 10 de noviembre de 2019 en Bolivia es un ejemplo paradigmático. El relato fue el siguiente. El presidente boliviano Evo Morales, ansioso de perpetuarse en el poder, orquestó una elección fraudulenta. Su pueblo se indignó con este acto engañoso y autoritario. Esto desencadenó un levantamiento ciudadano que condujo a la renuncia de Morales y a su exilio. El hecho de que este relato pueda haber prosperado, en ausencia manifiesta de pruebas contundentes sobre un fraude electoral, plantea interrogantes sobre el papel que desempeñan los medios de comunicación. También nos alerta en cuanto al rol desempeñado por la institución que originó esta suspicacia: La Organización de Estados Americanos (OEA). El 21 de octubre, al día siguiente de las elecciones presidenciales, la Misión de Observadores Electorales de la OEA en Bolivia emitió un comunicado de prensa en el cual “manifiesta su profunda preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados preliminares conocidos tras el cierre de las urnas.” Dos días después, el informe preliminar de la Misión reiteraba esta afirmación, expresando su preocupación por el hecho de que el conteo rápido se “había suspendido”. El informe de la OEA hizo un llamado a que se realice una segunda vuelta electoral; contradiciendo los resultados oficiales que señalaban que Morales había obtenido el 47,07 por ciento de los votos frente a Carlos Mesa con el 36,51, y dándole así a Morales el margen mayor a diez puntos necesario para un triunfo electoral sin necesidad de una segunda vuelta. La recomendación de la OEA era sorprendente. Los resultados electorales estaban en línea con lo que muchas encuestas habían pronosticado y coincidieron con las elecciones parlamentarias, celebradas el mismo día, en las que el Movimiento al Socialismo (MAS), el partido político de Morales, había obtenido la mayoría en ambas cámaras de la asamblea. El ataque de la OEA a la validez de los resultados se centró casi exclusivamente en su denuncia de la suspensión, la noche de las elecciones, del conteo rápido; esto es, el conteo no oficial, realizado por una empresa privada para dar a los medios de comunicación y al público en general alguna información preliminar sobre los resultados electorales. De hecho, las autoridades electorales bolivianas habían anunciado previamente que el conteo rápido sólo incluiría el 80 por ciento de las actas. Dado que se detuvo en un 83,85 por ciento, en realidad no había ningún fundamento jurídico para cuestionar esta decisión. Pero más allá de ello, lo realmente grave de esta aseveración es que el conteo oficial, el conteo legalmente vinculante en las elecciones bolivianas, nunca se detuvo. Esto no impidió que noticieros del mundo entero afirmaran, erróneamente, que el recuento de votos se había interrumpido. En cuanto al argumento de la OEA sobre el “cambio de tendencia”, careció de fundamento alguno. Un estudio de mi coautoría sobre las elecciones bolivianas demuestra claramente que “las tendencias generales en los resultados (...) son fácilmente explicables y consistentes con el hecho de que las áreas rurales que transmiten más tarde sus actas favorecen en gran medida al MAS”. No hubo, contrariamente a la afirmación de la OEA, ningún “cambio de tendencia”, sino un aumento constante y continuo en la proporción del voto a favor de Morales a lo largo del proceso de recuento de votos; un resultado fácilmente proyectable para cualquier estadístico, por el simple hecho de que las áreas que reportan el resultado de la votación más tarde son áreas donde Morales suele tener un mayor apoyo. A pesar de lo anterior, el 24 de octubre, el embajador de Estados Unidos ante la OEA supo aprovechar al máximo el informe: “Antes de que se suspendiera el TREP [conteo rápido], los resultados indicaban la necesidad de una segunda vuelta de las elecciones. Después de la reactivación del TREP, casi 24 horas más tarde, fíjense ustedes, no se necesita de una segunda vuelta y Evo Morales está firmemente adelante en el conteo de votos”, exclamó. Así, con el apoyo de Estados Unidos, se dio un mayor ímpetu a este relato falaz, cuya mayor divulgación tuvo un efecto decisivo en la escalada y radicalización de las protestas contra Morales en Bolivia. Buscando apaciguar, Morales pidió una auditoría internacional de las elecciones, por lo que la OEA regresó a Bolivia con un nuevo equipo de expertos y el 10 de noviembre emitió un informe preliminar de su auditoría. El resultado “preliminar” de la auditoría era una cosa prejuzgada. Gran parte del informe se centró de nuevo en el conteo rápido y repitió algunos de los errores estadísticos del informe preliminar de la Misión de observación. En una segunda parte, el informe introdujo nuevos elementos. La auditoría habló de nuevas “irregularidades” detectadas, aunque sin proporcionar evidencias ni elementos para que se puedan identificar las actas con problemas. El informe de auditoría se convirtió esencialmente en un listado de anomalías y vulnerabilidades detectadas; su único propósito siendo el denunciar tantas irregularidades como fuera posible para respaldar el informe preliminar de la Misión de la OEA. El relato del fraude ya se había vuelto tan prevalente que era muy tarde para que la OEA se contradiga. El tomar distancia de sus conclusiones anteriores hubiese acarreado preguntas incómodas sobre lo ocurrido y quizás despertado fantasmas del pasado – el papel problemático de la OEA en las elecciones haitianas de 2011, por ejemplo. Ya para ese entonces, Estados Unidos estaba metiendo más presión. Washington esperó el momento oportuno para saldar sus cuentas con Morales; no faltan los rencores acumulados a lo largo de 13 años de relaciones puntuadas de múltiples desavenencias, entre otras, la expulsión del embajador de Estados Unidos en 2008. Y el Secretario General de la OEA Luis Almagro, que no siempre ha gozado de un sólido apoyo en el Departamento de Estado, necesita desesperadamente el respaldo de Estados Unidos para su candidatura a la reelección en 2020. Desde su punto de vista, no había vuelta atrás en la posición de la OEA hacia las elecciones bolivianas. Es inverosímil que un relato global sobre un supuesto fraude electoral en Bolivia haya surgido de un insólito cuestionamiento de la OEA a un conteo rápido de votos no legalmente vinculante y al hecho de que los votos que se contaron tarde eran muy favorables a un candidato. Y, sin embargo, esto es exactamente lo que ocurrió. En la era de la política de la pos-verdad, un relato mediático basado en falsedades estadísticas fue instrumental para derrocar a un gobierno democráticamente electo. Ahora Bolivia enfrenta las consecuencias. Guillaume Long es un principal analista de políticas del Centro de Investigación en Economía y Política (CEPR por sus siglos en inglés) en Washington, DC.

CEPR / 25 Noviembre 2019

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